La terapia infantil ofrece un espacio de escucha y acompañamiento para niños y niñas que atraviesan angustias, cambios en el comportamiento o dificultades en el entorno familiar o escolar.
En la infancia, muchas veces lo que “pasa” no se dice con palabras. Se muestra. Aparece en el cuerpo, en el juego, en la escuela, en el sueño, en los enojos, en miedos que crecen, en una tristeza difícil de nombrar o en conductas que se repiten una y otra vez. No siempre hay algo claramente hablado: a veces lo que más pesa es justamente lo que no pudo decirse, lo que quedó sin elaborar, lo que el niño aún no encuentra cómo poner en palabras.
La terapia psicoanalítica con niños ofrece un espacio cuidado para que eso que no se puede decir encuentre un modo de expresarse. El juego, los dibujos, los relatos y el vínculo con el terapeuta funcionan como un lenguaje propio, donde el niño puede desplegar su mundo interno sin exigencias ni presiones. En ese trabajo, el síntoma deja de ser solo un “problema” y empieza a entenderse como una forma de comunicar algo: una señal de que hay algo que necesita ser escuchado y tramitado.
El objetivo no es “corregir conductas” de manera rápida únicamente, si bien trabajamos con indicaciones concretas y propuestas de acción, también buscamos ayudar al niño a construir recursos emocionales y nuevas formas de afrontar lo que le sucede: más calma, mayor seguridad, mejores vínculos, más libertad para aprender y disfrutar. A medida que el niño logra simbolizar lo que le pasa (es decir, darle un sentido, armarlo, nombrarlo a su modo), el malestar suele disminuir.
Además, el trabajo incluye orientación y asesoramiento a padres/madres o cuidadores. Se realizan entrevistas para comprender el contexto, acompañar el proceso y brindar propuestas concretas: pautas de manejo en casa, sugerencias de comunicación, acuerdos posibles, límites más claros, y estrategias para sostener situaciones difíciles sin quedar atrapados en discusiones o repeticiones que desgastan. La idea es que el tratamiento no quede aislado, sino que pueda tener impacto real en la vida cotidiana.
Si notás cambios en el ánimo, dificultades en la escuela, problemas de conducta, regresiones, angustia, irritabilidad, miedos intensos, un evento importante reciente (como un divorcio o separación), o cualquier señal de sufrimiento, consultar puede ser un primer paso importante para entender qué está pasando y cómo acompañarlo.
El trabajo se realiza en coordinación con las familias, cuidando el contexto y favoreciendo el desarrollo emocional. Si querés saber más, escribinos.